Avanzan los días y la nueva señalización del delta artificial del Guadalhorce anticipa un cierre completo del espacio conocido como “Paraje Natural del Guadalhorce” y todos sus accesos, tanto los antiguos desde la playa del Guadalhorce y el puente de hormigón, como por la nueva pasarela de madera construida por Diputación de Málaga y Ayuntamiento de Málaga.

Este tema ya lo hemos tratado en la entrada “La bici el menor de los males del Guadalhorce” que os recomendamos leer para entender que la bici es la menor de los problemas de un paraje afectado por  graves problemas.

 

La pasarela tiene sección suficiente para ser compartida entre peatones y ciclistas.

La sección declarada en la fase constructiva de la  nueva Pasarela del Guadalhorce tiene 430cm, una sección que sería un poco más espaciosa si se hubiese atendido a la petición de Ruedas Redondas de alcanzar los 500cm.

La pasarela de 430cm es suficiente para incluso segregar tráficos de ciclistas y peatones, la sección mínima de un carril bici bi-direccional estándar es de 200cm y la de un itinerario peatonal son 180cm  por lo que aún existen 50cm para un margen de seguridad de uso peatonal, así se podrían segregar ambos flujos, peatonal y ciclista, con 230cm para peatones y 200cm para ciclistas.

Pero es un poco absurdo segregar ahí los flujos, lo habitual es que este tipo de espacios naturales sean espacios compartidos, donde el ciclista tiene la obligación de adaptar su velocidad de paso a flujo peatonal que tiene prioridad. Así, son un ejemplo de este tipo de espacios de convivencia los 2.900km de vías del tren en desuso que la Fundación Vías Verdes reconvierte en espacios de convivencia. ¿alguien imagina tener que crear carriles bici en los montes de Málaga?

Es habitual ver por el norte de España señales que indican la prioridad peatonal en vías compartidas entre peatones y ciclistas. Tanto es así que el Real Decreto Legislativo 6/2015, de 30 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial, incorpora la definición de “Senda Ciclable” y la Señal S-33 para poder señalizar esta circunstancia.

“Senda Ciclable: Vía para peatones y ciclos, segregada del tráfico motorizado, y que discurre por espacios abiertos, parques, jardines o bosques”

Resulta por ello incomprensible, desde un punto de vista técnico, que la Pasarela del Guadalhorce no se convierta en una vía compartida entre peatones y ciclistas, ya que físicamente existe espacio suficiente para segregar ambos flujos si se quiere y por lo tanto también se puede señalizar como un espacio compartido como lo son todas las Vías Verdes existentes en España. Hacer de la Pasarela del Guadalhorce un espacio compartido es fomentar la movilidad sostenible, el deporte en su conjunto y una buena calidad de vida de los habitantes de Málaga.

Prohibir el paso de bicicletas por la pasarela del Guadalhorce no es una cuestión de seguridad o técnica, es una decisión política. La ley permite vías compartidas señalizadas como “Sendas Ciclables”.

Prohibido ir a la playa o a ver aves en bici.

Es habitual ver a personas dirigirse en bici al Paraje del Guadalhorce a ver aves, a dar un paseo en familia o para acceder de una forma cómoda a la playa. Tristemente la nueva señalización va a prohibir usar la bicicleta para este tipo de actividades.

Los que han visitado Doñana en bici, se han acercado a la Senda del Oso en Asturias, ha ido por los hayedos del Parque Natural de Urbasa en Navarra… les sonará esta prohibición a una fuerte miopía de algún responsable.

Málaga necesita activar su turismo y la bici es una aliada.

Málaga necesita turistas para sobrevivir a esta pandemia por el desastre económico que tenemos, y estos turistas de Alemania, Holanda, Francia, Inglaterra… tienen una fuerte afición por el uso de la bici ya que sus infraestructuras ciclistas son de gran calidad. Y la Pasarela creaba ese atractivo para potenciar el Paraje como un lugar más a visitar en la ciudad.

Prohibir que esos turistas vayan en bici al paraje es tener una total miopía por parte de las administraciones, prohibir que los malagueños vayan en bici a la playa es un enorme fomento del automóvil en una ciudad que necesita menos coches.

 

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